viernes, 13 de julio de 2012

El talón de Aquiles


Muchas veces uno se pregunta cuales son o deberían ser los primeros pasos para derrocar una dictadura en el poder de forma pacífica. No es una tarea fácil, pero en la actualidad, con la facilidad de comunicación de las redes sociales  con la experiencia adquirida en países como Yugoslavia en el año 2000, Ucrania en el 2004, así como Túnez y Egipto en el 2011, no nos cabe la menor duda que en el caso mexicano, con su dictadura bipartidista en la que acordaron alternarse tanto PAN como PRI en el poder, dejando fuera a los demás partidos políticos, para llevar a cabo su simulación de democracia y así dominar y hacer del país lo que se les antoje.

Es indudable que lo que estamos viviendo en México, con esta simulación, daña no solo a la democracia mexicana, sino a la sociedad entera, quien queda en el papel de títere del gobierno impuesto ilegalmente. Y como a las dictaduras se les puede derrocar pacíficamente o por la fuerza, el primer paso es sin duda hacerlo por la vía pacífica, para lo cual debemos identificar sus debilidades, sus talones de Aquiles y aprovecharnos de ellas.

Identificando el talón de Aquiles

Un mito de la Grecia clásica ilustra bien la vulnerabilidad de lo supuestamente invulnerable. A Aquiles, el guerrero, ningún golpe podía dañarlo, y ninguna espada penetrar su piel. Cuando era un recién nacido, se supone que su madre lo había sumergido en las aguas del mágico río Estigio, y por eso su cuerpo estaba protegido contra todos los peligros. Había, sin embargo, un problema. Como el niño había sido sostenido por el talón para que no fuese arrastrado por la corriente, el agua mágica no había cubierto esa pequeña porción de su cuerpo. Cuando Aquiles se hizo un hombre, les parecía a todos que era invulnerable frente a las armas enemigas. Pero en la batalla de Troya un soldado enemigo, instruido por alguien que conocía la debilidad de aquél, logró clavarle una flecha en el talón desprotegido, en el único lugar donde podía ser herido. La herida fue fatal. Todavía hoy la frase "el talón de Aquiles" se refiere a la parte vulnerable de una persona, un plan o una institución donde si se le ataca, no está protegida.

El mismo principio se aplica a los dictadores más desalmados.  Ellos también pueden ser vencidos, pero más rápidamente y con un costo menor si sus debilidades pueden identificarse y se concentra en ellas el ataque.

Puntos débiles de las dictaduras

Entre los puntos débiles de las dictaduras están los siguientes:

1.       Se les puede restringir o negar la cooperación de muchas personas, grupos e instituciones que necesitan para hacer funcionar el sistema.
2.       Los requisitos y efectos de las políticas anteriores del régimen, de cierta manera limitan su capacidad presente para adoptar y ejecutar políticas contrarias.
3.       El sistema puede convertirse en rutinario en cuanto a su modo de obrar y ser menos apto para ajustarse rápidamente a situaciones nuevas.
4.       El personal y los recursos ya destinados para las tareas habituales no estarán fácilmente disponibles para nuevas necesidades.
5.       Los subordinados, temerosos de no complacer a sus superiores, pueden no proporcionar todos los detalles de la información que los dictadores necesitan para tomar decisiones.
6.       La ideología puede erosionarse; los mitos y símbolos del sistema pueden perder su solidez.
7.       Si hay una fuerte ideología que influye en la visión de la realidad, una adhesión firme a la misma puede ser causa de desatención de las condiciones y necesidades reales.
8.       El deterioro de la competitividad y eficiencia de la burocracia, o los excesivos controles y regulaciones, pueden volver ineficaces las políticas y operaciones del sistema.
9.       Los conflictos institucionales internos y las rivalidades y hostilidades personales pueden dañar, o aún interrumpir, las operaciones de la dictadura.
10.   Los intelectuales y los estudiantes pueden impacientarse por las condiciones o restricciones o el enfoque doctrinario y la represión.
11.   El público en general puede, con el tiempo, volverse apático y hasta hostil al régimen.
12.   Las diferencias regionales, de clase o nacionales pueden agudizarse.
13.   La jerarquía del poder de una dictadura es siempre, hasta cierto punto, inestable y a veces lo es extremadamente; los individuos no permanecen inmutables en sus posiciones y nueva, necesita tiempo para afianzarse bien.
14.   Sectores de la policía o de las fuerzas militares pueden actuar para lograr sus propios objetivos, aun cuando esto sea contra la voluntad de los dictadores en el poder, y llegar hasta el golpe de estado.
15.   Si la dictadura es nueva, necesita tiempo para afianzarse bien.
16.   Como en una dictadura muy pocos toman muchas decisiones, es probable que ocurran errores de juicio, de política o de acción.
17.   Si el gobierno está buscando evitar estos peligros, y descentraliza los controles y la toma de decisiones, su control de los puntos clave para el poder puede deteriorarse aún más.

Atacando las debilidades de la dictadura

Conociendo semejantes debilidades intrínsecas, la oposición democrática puede buscar cómo agravar esos "talones de Aquiles" deliberadamente, a fin de alterar el sistema drásticamente o bien desintegrarlo.
La conclusión es obvia. A pesar de la apariencia de fuerza, todas las dictaduras tienen sus debilidades, sus ineficiencias internas, sus rivalidades personales, sus funcionamientos institucionales defectuosos y sus conflictos entre organizaciones y departamentos.
Estas debilidades, con el tiempo, tienden a hacer al régimen menos efectivo y más vulnerable a los cambios de condiciones y a la resistencia deliberada. No todo lo que el régimen se proponga lo va
a lograr, al menos completamente. A veces, por ejemplo, aún las órdenes directas de Hitler quedaron sin ejecutarse porque los que estaban por debajo de él en la jerarquía se abstenían de llevarlas a cabo. El régimen dictatorial puede a veces desbaratarse rápidamente, como ya hemos observado.
Esto no quiere decir que las dictaduras se pueden destruir sin riesgos ni víctimas. Cualquier curso de acción posible para lograr la liberación incurrirá en riesgos y sufrimiento potencial, y tomará tiempo para poder ponerse en marcha. Y, por supuesto, ningún medio de acción puede asegurar el triunfo rápido en cada situación.
Sin embargo, los tipos de lucha que tienen como objetivo las debilidades identificables de la dictadura, tienen más posibilidad de éxito que aquéllos en que se busca combatir la dictadura allí donde a todas luces ésta es más fuerte. La pregunta es: ¿cómo ha de conducirse esta lucha?

Tomado de: De la Dictadura a la Democracia de Gene Sharp.

lunes, 9 de julio de 2012

¡A dónde vamos?


La revolución puede desencadenarse por un incidente menor en la plaza de un pueblo remoto, puede coronar el esfuerzo constructivo y organizativo de décadas, puede brotar de una grieta súbita que aparece en la fachada del poder. No es posible prever qué sector social o demográfico se pondrá a la cabeza de una revolución. A veces se abre paso a sangre y fuego, o por la fuerza, pero casi sin sangre, o por medio de las urnas o del abuso de ellas.
Alguien que no quiero o no puedo recordar, dijo hace unos años que gracias al poder de la comunicación y la transmisión no harán falta las revoluciones armadas y que en la circunstancia actual estamos ante el arma más poderosa que haya existido, que es la comunicación.


Nuestra principal preocupación debe ser, el crear la conciencia, cuasi escondida ya en la mente de nuestros hombres nacionales en armas (soldados, marinos, policías de todo tipo), la conciencia inequívoca de que ellos también son pueblo, que ahí nacieron y su función primaria es defendernos como nación y que la nación la hacemos todos y cada uno de nosotros, quienes fomentamos su existencia y pagamos sus gastos de preparación, su armamento y su entrenamiento. Que somos nosotros los que pagamos su salario y prestaciones y que ante todo, son ellos los que nos deben defender de la tiranía y el abuso de poder, porque LA NACION SOMOS TODOS NOSOTROS, EL PUEBLO.


Los hombres en las armas de mi país son parte de la causa de nuestro pueblo y al mismo tiempo son la consecuencia que la historia nos señala, tienen un origen emanado de las necesidades del pueblo que busca preservar su propia seguridad. Los mismos que, a pesar de ser miembros estructurados en nuestra misma sociedad, que nos abriga a todos por igual; estos soldados, por sus funciones se yerguen al frente, como centinelas de nuestra heredad, velando por nuestro sistema de vida, por nuestro suelo, por nuestras vidas, dispuestos a todo por la patria. ¿Y quiénes son estos hombres y mujeres?, pues sencillamente son parte del pueblo mismo con las armas en la mano, pero que al ponerse el uniforme de la patria, comienzan a vivir una dualidad inseparable, que solo se comprende si se vive dentro de un uniforme. Ya que las circunstancias nacionales los han colocado a las órdenes del gobierno en turno.


Para provocar una revolución no bastan ni las malas condiciones de vida ni la existencia de un régimen opresivo. Se requiere de información que desemboque en una toma de conciencia. Y se necesita un ingrediente más: la provocación insoportable desde el poder, la gota que derrama el vaso de la paciencia social; el poder es el que provoca la revolución. Desde luego, no lo hace conscientemente. Y, sin embargo, su estilo de vida y su manera de gobernar acaban convirtiéndose en una provocación. Esto sucede cuando entre la élite se consolida la sensación de impunidad. Lo que esa provocación inesperada consigue es que el poder de la indignación del pueblo, supere la capacidad de contención del miedo y la gente se decida a enfrentar al poder en cualquiera de sus caras: la policial, que reparte garrotazos; la mediática, que descalifica, abruma y condena a los opositores al escarnio, al ridículo y a la marginalidad o la corruptora, que otorga becas y despensas.


Y es eso precisamente lo que está pasando en mi México querido, en este país de mil lenguas y dos mil culturas, es aquí donde se han aglutinado de golpe todas esas circunstancias. México ya no soporta más engaños, no soporta más malicia electorera, ni más mentiras mediáticas, ni soportará una imposición presidencial fundada en la mentira, el encubrimiento y el engaño. Sólo los pobres más pobres están resignados a la miseria; los que nos precipitamos a ella o los que ya vamos llegando, somos más cultos y educados que los paupérrimos de México, solo son ellos, los que tampoco tienen sus tres libros que les marcaron la vida, pero a cambio si tienen las tres tragedias de la pobreza, el hambre y la muerte o a enfermedad, sólo son ellos los que aceptaron una tarjeta de Soriana, con la que solventarán el hambre atrasada de uno o dos días, a cambio de cruzar los colores de la patria, el verde, el blanco y el rojo. A cambio de su libertad, a tener un trabajo pagado dignamente, a cambio de ser tratados con respeto y no con la humillación desde hace ya 83 años.


Todos los libros dedicados a las revoluciones empiezan por un capítulo que trata de la podredumbre de un poder a punto de caer o de la miseria y los sufrimientos de un pueblo. Y, sin embargo, deberían comenzar por uno sobre el aspecto sicológico de cómo un hombre angustiado y asustado de pronto vence su miedo y deja de temer. Ello es así porque ningún régimen opresivo puede sostenerse, a mediano o largo plazo, por la fuerza de las armas. Su principal mecanismo de poder –además de la información y la comunicación–, no son las armas, sino el miedo a ellas y a los instrumentos judiciales y policiales. Y no lo olviden, un militar consciente de su condición de pueblo es muy importante para preservar la paz y las vida de todo el pueblo. Pero no olvidemos que a las gentes en las armas la adoctrinarán para atacar al pueblo y defender sus intereses y su ansia de más poder.

sábado, 7 de julio de 2012

Disculpa pública


Pido encarecidamente una disculpa a mi tía Andrea Gómez por hacer uso de uno de sus trabajos más significativos durante su vida artística, la madre contra la guerra, asimismo, a ella y a mi madre, por atreverme a usar un nombre que pesa mucho en nuestra orgullosa familia, Vesper el nombre del semanario de mi bisabuela, Doña Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, gran periodista de quien me siento orgulloso, por el simple hecho de haber sido la mujer más significativa de mi vida, sin haberla conocido.